Freedom Song

En casa tengo un espejo el cual de vez en cuando miro y veo a una mujer que me dice: ¡Ey, tía! El tiempo pasa, ¿a qué esperas?. Mira: ya tienes canas y unas ojeras horribles. ¿Estas gastando bien esas canas? ¿Esas ojeras son de dar tanto de sí la mirada haciendo cosas que valen la pena?. Y me giro  por si esa mujer está diciéndole eso a alguien que pasa detrás de mí.

Quisiera romper ese espejo, hacerlo trizas. No querer verse tal como eres. Lo que se refleja en el cristal es más hermoso de lo que la mente percibe solo que entre medias hay filtros que distorsionan el verdadero reflejo, el filtro de los traumas, los temores, las inseguridades. Qué fácil es poner hoy en día un filtro-Instagram en tus fotos y lo bonitas y resultonas que quedan. Pero las canas y las ojeras sabes que ahí están. Y los miedos y temores también. La mujer del espejo vuelve a mirar amenazante.

Cogeré mi coche y conduciré. Y andaré muchos kilómetros en soledad, viendo el azul del cielo en contraste con tostados campos secanos. Saltará en la radio una canción que no esperaba y me hará cantar, con el codo apoyado en la ventanilla bajada dejando entrar el aire que hará bailar al atrapasueños del espejo retrovisor. Entonces me miraré en ese espejo retrovisor y veré a otra mujer distinta, que con los ojos brillantes me dirá: ¡Ey tia.. Qué bien te veo!.

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